Verde y amarillo recorren el cuadro con precisión.
Entre ellos, un azul profundo —carbono tintado— aporta equilibrio y profundidad.
Un guiño directo a Brasil y a los colores que lo acompañan dentro y fuera de la pista.
La pintura se trabajó a mano, capa a capa, con stencils creados en exclusiva.
Cada borde se alineó manualmente; cada transición se ajustó hasta que geometría y gráfico se leyeran como una sola pieza.
Es la parte del proceso que no se ve, pero que define la bici.